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jueves, 29 septiembre, 2022

Paciente de Negra Hipólita: «Ya no teníamos ganas de soportar esa tortura»

Este 2 de agosto, se fugaron más de cien personas que se encontraban recluidas en el centro de rehabilitación del Estado que se ubica en el Terminal de Oriente. Julián, uno de los evadidos, relató que se encontraban en condiciones inhumanas: sin baños, durmiendo sobre cartones y comiendo frijoles del Clap a diario

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Caracas.- Julián, un paciente que el pasado 2 de agosto escapó del centro de rehabilitación Negra Hipólita, narró los motivos que lo hicieron huir del sitio junto a más de un centenar de compañeros. Según dijo se evadieron “del hambre y la desidia”.

La fuga se hizo viral en redes sociales, en vista de que conductores fotografiaron a los grupos mientras deambulaban por la autopista Caracas–Guarenas. A continuación, ofrecemos el relato del joven en primera persona, quien llamó a autoridades gubernamentales a atender a estos ciudadanos, a quienes «sólo les falta un empujón, para reinsertarse a la sociedad«:

La experiencia de Julián

Lo que allí ocurre es un espectáculo dantesco, está fuera de todo lo que te puedas imaginar. Llegas y no hay donde dormir, duermes en el piso, la gente pelea por los cartones para no dormir en el piso pelado.

Los baños no funcionan. Hay un cuarto en el que la gente hace sus necesidades en el piso. Este espacio tiene una pared derrumbada y está frente al comedor. Hay muchísimos casos de amibiasis, supongo que es porque se come al lado de donde todo el mundo hace sus necesidades.

En la mañana te dan una arepa sola con un poquito de agua de avena, en el almuerzo te dan granos del Clap con arroz, y cenas lo mismo. No nos dan proteína.

Antes de ser recluido en la sede del Terminal de Oriente, de donde nos escapamos, me llevaron al centro que está en Quinta Crespo. Eso fue este mismo año. Allí fue donde viví lo peor de esta experiencia, porque estuve presente cuando un señor falleció.

En ambos lugares hay muchos ancianos que no tienen familia, que hacen sus necesidades encima y que están en sillas de ruedas pidiendo ayuda todo el día y nadie les hace caso. Nosotros tenemos que lavarlos, porque no hay personal que los atienda. A ellos los bañamos con mangueras y según lo que nos ordenan los monitores, se dejan en el patio porque no hay ropa ni siquiera para ponerles mientras se paren unas sábanas para arroparlos.

A ese señor no lo podían bañar, pero lo hicieron porque se defecó encima. Esa noche estaba haciendo frío y no había nada con qué cubrirlo. Lo dejaron alrededor de tres horas en el medio del patio. A la mañana siguiente amaneció muerto, lo que hicieron fue colocar el cuerpo debajo de una escalera.

También hay pacientes psiquiátricos, todos estamos juntos y a veces nos suspendían la comida como castigo porque no los podíamos controlar. Antes de fugarnos había al menos 146 personas, en un espacio de 4 x 6 metros, convivían unas 26 personas.

El ingreso no es voluntario, durante estos dos últimos años le dieron la orden a la policía de subirnos en una patrulla. Puertas adentro, nos encierran y pasan candado a todos los accesos. Los encargados del lugar van cada dos días a vigilarnos.

Prefiero mil veces estar en la calle porque sinceramente se vive mejor que allá adentro. Aunque no se pueda creer, en la calle buscas la forma de encontrar comida mucho más decente de la que te dan allá, en mejor cantidad y más balanceada.

Yo dormía en los alrededores de la Torre Financiera en Bello Monte, ese lugar era mucho más salubre que allá adentro. Podía ir a un baño de cualquier restaurante o centro comercial.

A veces hago valet parking, me pongo en un lugar, la gente me trae comida. Agarro dinero y obviamente me compro algo de comida, hay contenedores donde los restaurantes de comida rápida botan la basura y hay comidas que todavía están buenas, uno puede reciclar el alimento y bueno. Yo prefiero comerme media hamburguesa que un plato de arroz con granos que está hecho con agua que sale de un lugar que está lleno de cucarachas.

Es mucho más probable enfermarse dentro de estos lugares que en la calle. Antes de la fuga, le hicimos entrar en razón de que nos dejaran salir, yo les dije que tengo familia, que tengo una profesión, mis hermanos están poniéndose de acuerdo para poderme ayudar. Ellos decían que debía esperar a una trabajadora social que va una vez al mes y que debe atender a más de 100 personas.

Es absurdo, no sales hasta que un familiar tuyo te vaya a buscar. Como no nos querían dejar salir, decidimos fugarnos. Dije: «yo no pienso estar un día más aquí, ya no teníamos ganas de soportar esta tortura porque esto es inhumano. Debería venir gente de los DD. HH. a confirmar lo que estoy diciendo».

Desesperados por salir

Esa madrugada, cuando logramos ver la calle, volteé a ver a mis compañeros y les vi la cara de felicidad. Mis compañeros pidieron auxilio y mucha gente se asustó, pero ellos no salieron a robar, estaban desesperados por no volver a ese lugar.

Lo primero que tienen que hacer las autoridades es buscar infraestructuras, que haya una alimentación balanceada, lo mínimo necesario para que una persona pueda mantenerse saludable. Deben existir condiciones higiénicas para que se pueda vivir en esos lugares.

Deben separar a los pacientes: los psiquiátricos a un lado, la tercera edad otro, los funcionales y no. Y los pacientes que tienen potencial para ayudar, que sean preparados y reciban tratamiento de rehabilitación.

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