El turismo pos-COVID en Venezuela parece signado por una nueva tendencia: excursiones, paseos puntuales, caminatas y visitas a espacios poco convencionales, que involucran la interacción del participante con el entorno. La práctica forma parte del llamado turismo naranja donde el objetivo es conectar y sentirse integrado con la cultura que se visita

A María Carolina Mendoza, caraqueña de 28 años, siempre le había generado curiosidad las escaleras de El Calvario, en el centro de Caracas. Las veía al pasar como transeúnte o pasajera del transporte público, cuando se movilizaba desde su casa en Catia, pero jamás se había aventurado a subirlas.

Eso cambió el último domingo del mes de julio de 2022. Ese día, la joven administradora tomó junto a otras cuatro amigas una excursión por el parque El Calvario y descubrió un espacio que no imaginaba.


El turismo naranja representa una forma distinta de hacer turismo y de interpretarlo, pero también implica cambios en la actitud de los turistas, de los residentes y de las autoridades gubernamentales

Deyanira Marcano, especialista en turismo

“Da pena y, a la vez, es absurdo. Yo soy caraqueña, me siento orgullosa de serlo, y no sabía qué había en El Calvario, su historia, el valor que tuvo para el desarrollo de la ciudad y un personaje como el presidente Antonio Guzmán Blanco. La vida se nos va y los tesoros que tenemos cerca no los conocemos”, comentó la mujer a El Pitazo.

Mendoza realizó la excursión con un grupo que impulsa el llamado turismo naranja, una práctica que promueve la actividad recreativa desde una experiencia de aprendizaje y participación ciudadana.

Aunque no es un concepto nuevo, pues la Unesco lo acuñó desde 2006, en Venezuela la era pos-COVID -19 surgió un abanico de opciones que se encierran en esta filosofía de redescubrir espacios de ciudades y pueblos.

“Los turistas quieren dejar de ser simples observadores y convertirse en parte del proceso y de su historia. Se han dado cuenta de que no solo se conoce la isla de Margarita, por poner un ejemplo, estando todo el día en playa El Agua, sino también visitando la movida cultural de La Asunción, los castillos, hablando con las comadronas, con los pescadores, con los ancianos en los caseríos”, explicó la especialista en Turismo Sustentable, Deyanira Marcano.

“Es decir, no pasar por el destino de refilón, sino sentirlo, palparlo, saborearlo. Y eso es lo que ofrece el turismo naranja. Lo mejor de esta motorización pos-COVID es que no solo mueve a turismo de otras latitudes sino al propio, al local. Es una relación donde todos ganan”.


En una de nuestras rutas a Chirimena incorporamos una breve clase de pesca con tarraya. La gente ve el proceso, participa y si tiene suerte, atrapa el pescado que le van a freir para el almuerzo. La expresión y disfrute de la gente es algo de otro nivel

Derbys López, Director de Fundhea

Marcano, egresada de la Universidad Simón Bolívar (USB), apunta a que el surgimiento de estas iniciativas tras la salida de la época más fuerte de confinamiento por la pandemia, también se ha apuntalado por razones de salud y cambios de paradigmas.

“Las restricciones territoriales despertaron la curiosidad de los ciudadanos por su propio entorno. El período de confinamiento generó mayor interés por las actividades creativas y que pudiesen ser disfrutadas por grupos reducidos. A esto le sumas el tema de inestabilidad económica y problemas de combustible, entonces hay condiciones y demandas para este tipo de ofertas, que te lleva al centro de Caracas o ir de recorrido por los museos o el Jardín Botánico”.

Una experiencia que enriquece

El mayor valor que los participantes y emprendedores otorgan al Turismo Naranja es la ganancia en experiencia y conocimiento, así como la retribución a los anfitriones directos. “Este es un turismo de desarrollo sustentable donde incorporas cultura, valor local y patrimonio. Básicamente dirigida a personas que quieren conocer más allá”, apuntó Derbys López, director de la Fundación de Historia, Ecoturismo y Ambiente (Fundhea).

“Te pongo un ejemplo con una de nuestras rutas a Chirimena (Miranda), donde incorporamos una breve clase de pesca con atarraya. La gente ve el proceso, participa y si tiene suerte, atrapa el pescado que le van a freír para el almuerzo. La expresión y disfrute de la gente es algo de otro nivel. O si vas a Birongo, otra de nuestras rutas, hemos organizado con los lugareños visitas a una hacienda y hacer una cata de cacao. Siento que la gente quiere hacer de sus paseos una historia que sume a su vida. Que la ruta le sume una experiencia para compartir”, agregó López.

4 El Guía Tour Caracas es una de las referencias de turismo naranja que maneja diversas rutas y opciones en la capital venezolana | Foto Cortesía Guía Tour Caracas

López coincide con Marcano, en que el turismo naranja se ha convertido en un modelo ideal para reactivarla actividad tras el COVID-19. “En 2021, cuando comenzaron a disminuir las restricciones, nos sorprendimos de la demanda para lugares cotidianos, como el casco histórico de Petare, La Pastora y el centro de Caracas. Lo mismo ocurrió con el casco histórico de La Guaira. Eso nos ha hecho entender que hay una evolución en el público, una necesidad a la que hay que dar respuesta”, especificó.

“La demanda de esta clase de oferta turística es tal, que se han abierto opciones por todo el país. En Maracaibo, se ha incrementado el interés en el Jardín Botánico Dr. Leandro Aristiguieta”, indicó López. En Carabobo, Aragua y Miranda, la pandemia revivió el senderismo. En Caracas, hay diversas rutas que hablan de historia, recorren puntos de comida y hasta visitan taguaras populares.

Los especialistas recalcaron que se han incrementado las excursiones para hacer fotografías cuando se registran manifestaciones culturales, religiosas o patrimonios naturales, por ejemplo, los Diablos Danzantes, San Juan, las procesiones marianas o el relámpago del Catatumbo.

Un naranja no tan rosa

Uno de los aspectos importantes para el desarrollo del turismo naranja, según los expertos, es que las autoridades locales cumplan con su labor en lo que respecta a los servicios públicos, así como el mantenimiento de las obras patrimoniales.

“El turismo naranja representa una forma distinta de hacer turismo y de interpretarlo, pero también implica cambios en la actitud de los turistas, de los residentes y de las autoridades gubernamentales. Así como otras iniciativas, el turismo naranja enfrenta muchas veces la indiferencia institucional, a pesar de que constituye una posibilidad genuina para el desarrollo local, en tanto se respeten los pilares fundamentales de la sostenibilidad”, reitera Deyanira Marcano, al explicar que «no todo es rosa o ideal en el marco del Turismo Naranja”.

La especialista acota que es fundamental que el gobierno regional y municipal cumplan con sus competencias. “Uno organiza una visita al centro de Caracas, pero no hay servicio o atención, entonces esa ruta no se consolida. Si no hay lugares hermosos que se vuelvan emblemáticos para una foto, pues no habrá clic con el visitante. El gobierno debe cumplir con lo básico, mantenimiento, seguridad y, por lo menos, recoger la basura, para que quienes desarrollan una ruta puedan contar con un lugar acogedor que mostrar”.


A los caraqueños y seguro a cada venezolano del interior, nos quedan cientos de rutas por explorar,que hagan que valga la pena volver a hacer turismo en circuitos cercanos al hogar

María Carolina Mendoza, participante en un tour enmarcado en Turismo Naranja

Otros investigadores apuntan a la falta de formación. “Hay comunidades que aún no entienden su papel, que no entienden que esta apuesta es una posibilidad real de sustento. Igualmente, a las autoridades les faltan políticas públicas en esta materia. La cuestión no es que ellos hagan las rutas, sino que den las herramientas, la garantía de servicios y el marco de desarrollo. Así mismo, a quienes sirven de guías, esto no es un tema de organizar un paseo, sino de estructurar rutas con valor agregado que marquen la diferencia para quienes participan”, acota el abogado y especialista en turismo y patrimonio, Pedro Barrios.

Marcar la diferencia es fundamental. Por lo menos, para María Carolina Mendoza conocer El Calvario, fue un antes y un después. “Estoy entusiasmando a mis amigas, para volver y hacer otros paseos. No quiero volver a dar nada por sentado. A los caraqueños y seguro a cada venezolano del interior, nos quedan cientos de rutas por explorar, que hagan que valga la pena volver a hacer turismo en circuitos cercanos al hogar”.

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