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sábado, 25 junio, 2022

Visión borrosa en el viaje espacial

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CIENCIA Y LETRAS

Por: Paulino Betancourt

Durante más de 50 años los humanos se han aventurado al espacio y, sin embargo, se sabe poco sobre el impacto en la salud que estos largos vuelos en microgravedad suponen para el cuerpo humano. En la Tierra, la gravedad atrae todos los fluidos corporales hacia los pies. En el espacio, ese no es el caso. Tan pronto se ingresa a la microgravedad, los fluidos corporales fluyen hacia la parte superior del cuerpo. Es por eso que cuando vemos imágenes de astronautas en la estación espacial, parece que tienen la cara hinchada.

A medida que las agencias espaciales se preparan para vuelos de mayor duración hacia la Luna y Marte, deben asegurarse de que los futuros astronautas puedan sobrevivir al viaje. Los estudios previos sugerían que el tiempo que se pasa en el espacio afecta la salud, y tal vez incluso altera nuestros cerebros. Ahora, en un nuevo estudio publicado el pasado lunes en Proceedings of the National Academy of Sciences (https://www.pnas.org/doi/full/10.1073/pnas.1820354116), los investigadores descubrieron que estar unos meses en el espacio podría desencadenar una inflamación en el cerebro que, como mínimo, provocaría problemas en la vista, incluso después de regresar a casa.

Los científicos analizaron resonancias magnéticas cerebrales de 24 astronautas de la NASA y 13 cosmonautas rusos, antes y durante las dos semanas posteriores de haber regresado de la Estación Espacial Internacional (EEI), para determinar los efectos de la microgravedad en los ventrículos del cerebro, que serían los espacios donde se contiene el líquido cefalorraquídeo. Los investigadores estaban especialmente interesados ​​en el síndrome neuro-ocular, o SANS,  asociado a los vuelos espaciales que afecta aproximadamente al 60% de los astronautas de la NASA en misiones a largo plazo, a bordo de la EEI. Por otro lado, no se notaron estos cambios en los astronautas que estaban en misiones a corto plazo.

Además se descubrió que cuando los cosmonautas o astronautas volvían a la Tierra, el volumen de sus ventrículos había aumentado en un promedio superior al 11 %, para acomodar el líquido adicional que fluía hacia sus cerebros en microgravedad. Incluso unos siete meses después, los ventrículos eran un 6 % más grande que antes del lanzamiento. Este conjunto de cambios se relacionó con una variedad de modificaciones en los ojos y el cerebro, incluida la inflamación del nervio óptico, formación de pliegues en la retina, aplanamiento de la parte posterior del ojo, visión borrosa, alteración en el líquido que rodea el cerebro y una variación en la forma de la glándula pituitaria.

Ocho de los astronautas de la NASA desarrollaron SANS. Los investigadores sugirieron que estos cambios con la microgravedad estaban relacionados con la forma en que los fluidos se mueven por el cuerpo, pudiendo provocar una inflamación en la materia blanca y, por lo tanto, aumentar el riesgo de SANS. Los cambios fueron más notorios en los astronautas de la NASA que en los cosmonautas rusos. Esto sugiere que las medidas contra la microgravedad que adopta la agencia espacial rusa, podrían ayudar a proteger el cerebro después de permanecer en vuelos espaciales de largo plazo.

Los cosmonautas rusos se someten a sesiones de presión negativa en la parte inferior del cuerpo que se inician dos semanas antes del aterrizaje. Estas medidas cambian la sangre de la parte superior a la inferior del cuerpo. Para ello se coloca a la persona en un tanque de metal cilíndrico hermético que se sella alrededor de la pelvis y una bomba de vacío reduce la presión de aire alrededor de las piernas. Mientras que los astronautas de la NASA hacen ejercicio con pesas en la Estación Espacial Internacional, con pesos mayores en comparación con los cosmonautas rusos. Dichos entrenamientos podrían conducir a una importante acumulación de líquido en el cerebro.

Todavía no está claro qué efectos podría tener esto en la función cerebral. El equipo encontró una correlación entre el volumen de uno de los cuatro ventrículos y la pérdida de agudeza visual, pero no fue lo suficientemente fuerte como para estar seguros de que el ventrículo inflamado en realidad estaba causando los cambios en la visión, que son una queja común entre los astronautas.

Esta investigación destaca la importancia de la cooperación internacional para comprender los efectos de los vuelos espaciales a largo plazo en el cuerpo humano. La participación internacional en la investigación de medicina espacial es esencial para garantizar la seguridad de las tripulaciones al viajar hacia la Luna y Marte. Para llegar más lejos, es necesaria la colaboración científica, más allá de nuestras fronteras terrestres.


PAULINO BETANCOURT | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat

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