Transición política

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Por: César Mogollón

La crispación de la política venezolana a través de los años ha subido de tono por circunstancias de la fatigada e interminable crisis, que hace de uso indiscriminado un verbo bélico, provocador, dividiendo al país como si de una cruzada tratase.

Continuamente se observa en Venezuela una crisis de gobernabilidad, regiones que conviven con fallas de electricidad, agua, limitaciones del transporte, desempleo e inseguridad por el control de bandas criminales de ciertos territorios. Un país en ese estado no puede garantizar calidad de vida para su población. Siendo la punta del iceberg la hiperinflación, que en el caso venezolano destruyó las arcas del país, el salario y ahorros del trabajador, dejando totalmente vulnerable al ciudadano de a pie, razones objetivas que incidieron en la ola migratoria.

Para que un país llegue a esos niveles de precariedad, debe haber algo más que una deficiente política económica; tras de ella existe una crisis democrática que menoscaba los derechos ciudadanos para buscar alternativas. En tal sentido es pertinente hablar de transición para recuperar las vías pacíficas que nos brinda la Constitución para dirimir conflictos.

Son múltiples  planteamientos que escuchamos sobre transición en el país; no obstante, ¿de qué transición hablamos?, ¿la que posee repercusión mediática, ofrece intervenciones militares, sanciones económicas o mercadería publicitaria con las necesidades del sufrido pueblo de Venezuela, sin intenciones sinceras de solventarlas? Elegir esta vía es afianzar al autoritario en el poder, porque emplea sus mismas estrategias cambiando únicamente los actores y colores.

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Indagando en la historia política mundial reciente podemos conseguir suficientes ejemplos de transiciones, donde encontramos que las opciones pacíficas son las más estables y perdurables en el tiempo, sin obviar lo difícil que representa una transición y su proceso de diálogo, que en situaciones se propicia en paz y en otras con balas.

La condición perfecta para una transición es algo utópico. Si fuera así no habría una pugna anterior entre los bandos. Dialogar y negociar es una acción compleja que nace de la disconformidad hasta la cólera, de allí que la paciencia es una virtud para satisfacer ambos sectores con reservas, logrando los mínimos  fines esperados.

El regreso de la democracia chilena tuvo que convivir con la constitución de Pinochet, conservando al general como comandante de las Fuerzas Armadas; en España, la transición se desarrolló con un partido (AP, actual PP) cuyo liderazgo provenía del franquismo, Carlos Fraga ex ministro de Franco.


Indagando en la historia política mundial reciente podemos conseguir sufientes ejemplos de transiciones, donde encontramos que las opciones pacíficas son las más estables y perdurables en el tiempo,

César Mogollón

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Los líderes de la caída de la URSS eran los mismos que años antes eran fieles dirigentes del PCUS, y así podemos extendernos con otros ejemplos en los que prevaleció la heterodoxia del diálogo para construir caminos en terrenos anteriormente clausurados.

Venezuela sufre en sus intentos de lograr consenso político lo mismo que pasaron muchas naciones del “tercer mundo” durante la Guerra Fría, que es la internacionalización de los conflictos internos. Esta barrera sabotea diálogos, por supuesto, principios políticos que encarnan intereses económicos extranjeros. Esta tutela que utilizan los actores hegemónicos de la política en Venezuela es con el propósito de tener guardianes de su poder, con el riesgo que la población entera queda indefensa a las decisiones foráneas nada vinculadas a su realidad.

A pesar de este escenario político internacional, es contraria a la del mundo bipolar. Instituciones internacionales a favor de la paz y la conciliación son más fuertes y relevantes en esta época, que sirven de cable conductor para las concertaciones.

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Los extremos políticos en Venezuela cuentan con reconocimiento en el exterior por las instituciones que representan (Ejecutivo y AN). Ahora la ciudadanía ha visto que ese par de instituciones de elección popular han dispuesto de  vías extraconstitucionales para resolver la crisis, que contraproducentemente  empeora las cosas.

Es imperioso que los venezolanos que depositaron apoyo electoralmente a la polarización reinante y que están descontentos con el trabajo de sus políticos, puedan recurrir a las organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos que luchen por un centro legítimo de la política nacional, orientado a transformar el país, sin pretextos ni condicionamientos de supremacismo moral.

Una transición que abarca superiormente a la silla presidencial es para colocar punto final al poder desproporcionado que tienen los políticos, que al ser elegidos para ejercer cargos públicos se creen con cheque en blanco para cumplir cualquier capricho y desmán contra las instituciones que dicen representar. Trabajar por la transición es conocer que serán transiciones, que sin voz ciudadana carecerán de credibilidad y sostenibilidad. Las respuestas definitivas al modelo de transición en Venezuela está por escribirse y los demócratas contamos que será mediante la consulta ciudadana que jamás deberá ser abortada por la clase política y el pueblo.


CÉSAR MOGOLLÓN | @CESARMOGOLLONG

Dirigente político del Movimiento Político Nacional Alianza Centro

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