Menstruación, feminismo y otras «victorias» legales

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Por: Maria Inés Delgado

España acaba de proponer una  reforma a la Ley del Aborto que el feminismo aplaude y en la que por primera vez se contempla la baja laboral por dolores menstruales. En el mismo texto se prevé además elminar el IVA a los productos de higiene femenina y disminuye a 16 la edad de poder practicarse un aborto sin autorización de los padres.

Pese a todo ello, lo más resaltante y lo que más cotilleo ha armado en la redes es la baja laboral por dolores menstruales. Incluir esto en la  ley supone un reconocimiento totalmente novedoso en materia legislativa y así lo dejó claro la ministra Irene Montero cuando tuiteó: «Vamos a reconocer por ley el derecho de las mujeres con menstruaciones dolorosas a una incapacidad temporal especial que será costeada por el Estado desde el primer día. Avanzamos para que ya no sea normal ir al trabajo con dolor y para acabar con el estigma, la vergüenza y el silencio en torno a la regla. Avanzamos en derechos”.

Menstruar o no menstruar, he allí el dilema

Pero esa no es la única victoria que las feministas celebran en hispanoamérica, ni mucho menos la única relacionada con la menstruación y con las leyes.

En Chile, por ejemplo, la Cámara de Diputados discute un proyecto de ley que no incluye la palabra mujer y la sustituye por «personas menstruantes» en un rebuscado esfuerzo por la inclusión en el lenguaje libre de género

Más allá del polémico término, el fondo del proyecto de Ley resulta bastante novedoso y útil para los seres humanos que «menstruan», pues en ella el «Estado reconoce que las personas con capacidad para menstruar son titulares del derecho a una gestión menstrual libre y digna …  por lo que debe apoyar, favorecer y promover políticas públicas que generen su adecuado ejercicio».

No queda claro si esos ejercicios inclusivos realmente logran su cometido, porque existen menstruantes que no se sienten ni se definen como mujer, entendible (y respetable), como también hay no menstruantes que sí se sienten y se definen así, pero, quizás lo más importante es que hay quienes menstruan y se sienten mujeres y quienes son mujeres aunque por diversas razones no menstrua, en fin, todo un enredo, ¿No?

En todo caso habría que vigilar la delgada línea entre incluir y volver tabú sentirse mujer. O peor, convertirlo en un vocablo opresor. Las mujeres hemos sido subversivas, y el uso del término también debe comprenderse así! Quizás ese extraordinario proyecto de ley hubiera quedado perfecto si se dice que es para mujeres y toda persona menstruante, porque tanto derecho tienen a sus beneficios quienes menstruan y no se sienten mujeres como las que sí…

Parece que las definiciones clásicas que resultan ciertamente anacrónicas son sustituidas por opciones complicadísimas en un esfuerzo sobrehumano por sobreespecificarnos o subcategorizarnos en tantas opciones o tendencias sociales o sexuales a las que aspiremos…

Sin embargo, lo que realmente deberíamos celebrar es que en esos espacios tan serios, tan rudos, tan ideológicos, tan economicistas, tan pragmáticos y, porqué no, tan hipócritas, los representantes populares se hayan sentado a debatir de cosas tan serias y tan elevadas como la regla, como la menstruación.

 Es como si finalmente, siglos y siglos más tarde, se dieran cuenta de que no se trata de una mala palabra, ni de un tema oscuro o vetado, o censurado o prohibido, ¡por Dios! Es la naturaleza misma…

La regla en los Congresos

Y aunque no hay duda de que el feminismo consigue importantes victorias a puro pulso, y más allá de los resquemores, burlas e incomprensiones que sus luchas todavía generan en el mundo, la equidad sigue en construcción. Tampoco existen dudas de que en el proceso algunas piezas  quedan mal ajustadas o, incluso, estorban o entorpecen el acabado final.

Igualdad de oportunidades, de reconocimiento laboral y salarial, de crecimiento personal y profesional, históricas reivindicaciones y empoderamiento colectivo también pasan por muchos experimentos, no siempre exitosos o no siempre bien comprendidos…

El caso de Chile podría ser uno de estos. Querer trascender las opresiones, los encasillamientos, los limitaciones conceptuales y otro largo etc., puede, muchas veces, hacernos incurrir en otros similares o peores.

En todo caso que personas no menstruantes y aquellas que si tengan la capacidad biológica de hacerlo debatan pública, libre y abiertamente sobre la regla en una sesión de un Parlamento de América (la del sur), no es sino un motivo de celebración.

No a todos deben gustarles estás leyes (incluso la terminología que emplean), pero todos deben respetarlas y eso es lo fundamental. No todo es el avance esperado, no todo es celebrado o entendido en la misma proporción, pero todo será preferible a la inercia, al conformismo.

Siempre será mejor pecar por exceso que por omisión, así que quienes menstruan (o lo harán, o lo hicieron) siguen ganando terreno en cada debate de cada congreso de este mundo.

Celebremos pues que  los legisladores debatan sobre la regla, sobre toallas sanitarias libres del IVA, las bajas justificadas por el dolor que estás causan, porque cada vez que lo hagan es una batalla ganada, es un triunfo inimaginable para nuestros ancestros y una justa victoria para  el género!..

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