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domingo, 21 julio, 2024

María Corina, Comisión Nacional de Primaria, los ciudadanos y el elefante blanco

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Por César Batiz

En una conversación con periodistas, el exdirector del Sebin Manuel Cristopher Figuera relató que el gobierno de Maduro cuenta con una red de agentes encargada de escuchar y reportar el estado de ánimo político de la población. Ellos suministran a sus supervisores la información que recogen, la cual se complementa con los resultados que arrojan las encuestas realizadas por un equipo del Ejecutivo nacional, no una encuestadora privada, y con el análisis de las redes sociales. 

Entonces, ¿qué pasó antes y durante el 22 de octubre?, que el oficialismo quedó sorprendido con el flujo de gente en las mesas de votación y la cantidad de votos escrutados en el proceso, pese a la censura de medios tradicionales y al chantaje en las comunidades populares.

Más de una semana después de la Primaria, los líderes oficialistas desmienten, amenazan y acusan, pero se les observa reactivos y poco efectivos en sus comunicaciones, incluso nerviosos por la reaplicación de sanciones económicas levantadas por la administración Biden. Alguien echó mal el cuento antes de Barbados. Alguien debe facturas después del 22 de octubre.

Sin duda, la actuación de María Corina Machado como candidata primero y vencedora después resulta fundamental en la reacción del gobierno de Maduro hoy. 

El 22 en la mañana, antes de abrir las mesas, era un hecho el triunfo de la fundadora de Vente Venezuela con 80 % de los votos. Esta previsible ventaja ya la había reconocido Henrique Capriles Radonski, quien prefirió retirarse antes de caer derrotado con un margen tan amplio.

No obstante, nadie esperaba que superara 90 % de la preferencia electoral y mucho menos que rebasara los votos que el mismo Capriles obtuvo en las primarias de 2012.

Los porqués de esa votación a favor de María Corina son diversos, pero sin duda, destaca que, desde su postulación como candidata, no dejó de recorrer el país, pese a los obstáculos que le pusieron.

Además, esa misma terquedad que la ha mantenido en carrera pese a la inhabilitación, la demostró en un discurso coherente desde que era solo una dirigente política con menos de 5 % de intención de voto en las encuestas nacionales, en la época del interinato de Juan Guaidó. Su crítica a quienes pactan a escondidas con Maduro genera confianza entre los electores y temores entre políticos y militares.

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Una importante razón para explicar la sorpresa de Maduro y los resultados de la elección, se encuentra también en la actuación de la Comisión Nacional de Primaria, liderada por héroes civiles como Jesús María Casal, Mildred Camero y Víctor Márquez, entre otros miembros nacionales, regionales, municipales y de los centros de votación internacionales.

Todos trabajaron bajo constantes amenazas y descrédito para permitir que 2.500.000 venezolanos votáramos dentro y fuera del país.

Los ataques no solo vinieron desde el oficialismo o de políticos que dicen oponerse a Maduro, pero que no aguantan una pedida para ir al Palacio de Miraflores a rendir pleitesía al poderoso, sino también desde el mismo seno de la comisión, de donde salió un personaje que debe muchas explicaciones, incluso después de que votó el 22 de octubre: María Carolina Uzcátegui.

Quienes organizaron el evento del 22 de octubre, se impusieron a las profecías no cumplidas de Diosdado Cabello, a las amenazas de los organismos de seguridad, al bloqueo del buscador de las mesas de votación y a intentos de sobornos.

Toda la energía de María Corina y la voluntad de la Comisión Nacional de Primaria encontraron correspondencia en 2.500.000 ciudadanos que votaron el 22 de octubre.

Todavía vemos las fotografías que demuestran el deseo de votar de los venezolanos, sin importar si la mesa de votación estaba en una plaza, iglesia, casa humilde, en un barrio o en la calle. 

Llovió, hizo sol, amenazaron los violentos y hasta esos políticos que corren a reunirse con Maduro en Miraflores trataron de desanimar con fotos de supuestos centros electorales vacíos. Nada fue suficiente.

El 22 de octubre me recordó una escena que dos días antes vi en el montaje teatral que Moisés Kaufman creó de Las Aventuras de Juan Planchard, novela escrita por Jonathan Jakubowicz. Fue la pata del elefante blanco que aplastó al cazador. En una de las líneas se revela el símil. El elefante es el pueblo que, cansado de maltrato y manipulación, quita el poder a quien lo gobernó.

Aún falta mucho para llegar a ese punto de transición. El oficialismo juega sus cartas: TSJ, Fiscalía, CNE, Guyana, intentos de dividir a la oposición, persecución, amenazas y negociación.

El autoritarismo no cederá sin incentivos. No rendirá con facilidad su fuerte. Pero llegarán tiempos de definiciones y quienes retienen el poder en contra de la voluntad de los venezolanos, saben ya que un país distinto despertó el 23 de octubre.

CÉSAR BATIZ | @CBatiz

Periodista egresado de la Universidad del Zulia, especializado en Periodismo de Investigación. Director de El Pitazo.

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