Libertad de expresión e información

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Por: Gloria Cuenca

Se cuenta que el primer mártir por la libertad de pensamiento y opinión fue el gran filósofo griego Sócrates. Dictando clases señaló, que no creía en la existencia de los dioses del Olimpo. Habrían sido creados por los hombres para ayudar a soportar los avatares de la vida humana. Un discípulo travieso —suelen serlo— contó a otros compañeros la opinión del maestro, expresada durante sus clases. Esto llegó a oídos de las autoridades de la ciudad. Se le enjuició y se le condenó a muerte.

Por el gran prestigio del que gozaba el filósofo, se le permitió escoger el tipo de muerte que tendría. Siempre pedagogo, quiso una despedida frente a sus alumnos, dando clases: se tomaría un veneno —la cicuta— y así moriría entre los que siempre había estimado. Esta es una de las más interesantes anécdotas sobre el filósofo; trascendental para la cultura occidental y que demuestra que la lucha por la libertad de pensamiento y opinión es de las más antiguas.

Tenemos luego terribles siglos de la tenebrosa Inquisición de la Iglesia, con toda clase de persecuciones, agresiones, torturas y muerte. ¿Por qué ir tan lejos?  Durante el siglo XX, la humanidad ha vivido episodios en contra de la libertad de pensamiento, opinión, información y expresión, horribles. Todavía hay peores: los que vivió la humanidad antes de que se decretaran los Derechos Humanos (10/12/48)

Sin embargo, nada como lo que sucedió desde la primera guerra mundial en adelante. ¿Qué decir de la expandida y temible policía SS de los nazis? ¿De la KGB de los soviéticos? ¿De la estasi de los comunistas alemanes? Y, todavía más cerca: la sagrada, la seguridad nacional y las policías políticas, que no nos enorgullecen para nada, del siglo pasado en la democracia venezolana. El remate es el G2 cubano. Reflejan una constante: los obstáculos y las acciones en contra de lo que sea la libertad de expresión y de información.

No obstante, no tenemos que ir al pasado. El comienzo del siglo XXI ha sido terrorífico para Venezuela en materia de las libertades mencionadas. Cuando historiadores e investigadores del futuro analicen y busquen lo que ocurrió con nuestras libertades fundamentales, aun estando protegidas por varios artículos de la Constitución Nacional, el 57 y el 58 concretamente, tendrán que develar lo que efectivamente sucedió; desentrañar lo que hizo la dictadura para acabar con la industria de la prensa escrita, con la libertad de información y expresión.

No será tarea fácil descubrir la persecución implacable contra periodistas, reporteros y medios. Seguramente, lo encontrarán sorprendente. Darse cuenta de que Radio Caracas Televisión fue cerrada dos veces, sin importar más nada que la desesperación de un semi caudillo, será indudablemente insospechado para los estudiosos de nuestra historia.

¿Cómo no darse cuenta de los atropellos realizados para silenciar a los medios? Saber de la enorme cantidad de estaciones de radio que fueron suspendidas o despojadas de sus señales sin aviso y sin protesto. Por eso me digo constantemente, como decía el maestro: “Escribe que algo queda”, (Francisco J. Delgado, Kotepa, dixit).

Existirán las páginas de opinión de algunos medios, libros y publicaciones.  Además, por supuesto, los diversos testimonios, y la recopilación de los hechos que, por años y décadas, inclusive, vienen haciendo algunas ONG, con mucha seriedad. Confiemos en que sean guardados los registros, convenientemente, para el futuro. ¿Habrá bibliotecas, fototecas y digitecas? Eso esperamos y confiamos.

Subestimar la trascendencia de la libertad de expresión implica un grado de atraso muy claro en el proceso de la civilización y cultura que necesita de manera urgente nuestro país. Es creer que se pueden saltar, a la torera, todas las convenciones del mundo y seguir como si nada (Art.19 de la DUDH). Da lástima esta gente, ni que decirlo, pena ajena. ¡Estos pobres gobernantes, ellos no lo saben, están en estado de indigencia cultural! ¡Tan ricos y tan pobres!

GLORIA CUENCA | @editorialgloria

Escritora, periodista y profesora titular jubilada de la Universidad Central de Venezuela

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