La fe inquebrantable de los Tiburones

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De ser una de las escuadras más aguerridas en los años 60, 70 y 80, hoy atraviesa la sequía más extensa entre los equipos establecidos antes de la última expansión de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional


Por Williams Brito

Sentados en la tribuna derecha del estadio Universitario vimos una expresión de genuino fanatismo, sentimiento que supera a la lógica. Entrada la noche del 21 de enero, los Tiburones de La Guaira ganaban a los Tigres de Aragua 8-5 y solo necesitaban sacar tres outs para clasificar a su segunda final en 36 años. Cuando comenzó el noveno inning, un muchacho que estaba a nuestro lado se agachó y comenzó a llorar. ¿Por qué?

Carlos Tocci abrió con hit por los felinos, pero Henry Rodríguez y Alexi Amarista fallaron con batazos al cuadro. Faltaba un out y la tensión se sintió en todo el parque. José “Cafecito” Martínez, jugador que fue emblema de los guaireños por varios años, bateó un elevado al jardín derecho y, cuando la pelota estaba en el aire, el joven apenas se levantó de su silla para luego celebrar la atrapada de Danry Vásquez con la que el juego finalizó. La Guaira regresaba a la final desde 2012. La samba retumbaba, todo era fiesta para los seguidores de los Tiburones. 

El joven, empero, no paraba de llorar. Abrazó a todos, incluso a quienes apenas lo conocimos esa noche. ¿De dónde nació el fanatismo de ese muchacho por un equipo que celebró su último título en 1986? Teníamos que preguntarle. “¿Qué edad tienes, hermano?”, iniciamos la conversación. “¿24 años, señor?”, respondió mientras se secaba las lágrimas. “Es decir que apenas tenías 14 cuando La Guaira jugó por última vez la final. Pudiste seguir a otros equipos ganadores, ¿qué te motivó a ser fanático de Tiburones?”. Miró a los lados antes de responder: “Mi papá, que tiene 64 años”. 

Si vamos a la matemática simple, su padre ha pasado más de la mitad de su vida sin celebrar un triunfo del equipo escualo. Él nació 12 años después de la última coronación. Quizá es por eso que muchos se refieren a La Guaira como el equipo de la eterna esperanza, sus seguidores son creyentes. De ser una de las escuadras más aguerridas en los años 60, 70 y 80, hoy atraviesa la sequía más extensa entre los equipos establecidos antes de la última expansión de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional. Pero los fanáticos siguen ahí, incluso muchos jóvenes se han sumado y esperan un nuevo título. Este año estuvieron muy cerca, pero nuevamente se atravesaron los Leones del Caracas con el jonrón que pegó Harold Castro la madrugada del 31 de enero para dejarlos en el terreno.

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Pedro Padrón Panza, fundador y posteriormente único propietario de Tiburones, no encontró la fórmula para armar un equipo competitivo. La salud del patriarca fue mermando y, en la misma medida, la escuadra siguió a la deriva. Padrón Panza falleció en 1999 y ese mismo año entregó las riendas al menor de sus hijos, Pedro Padrón Bríñez. El joven de 28 años nos contó las ideas que tenía para modernizar la divisa, una motivación que tuvo su padre cuando adquirió el equipo. Apenas meses después, las fuertes lluvias que arrasaron con parte del estado Vargas (ahora estado la Guaira) también se llevaron a Padrón Bríñez y aquellos sueños de ver reverdecer laureles. 

Entre 2000 y 2003, el equipo no tuvo suerte cuando fue conducido por los herederos, hijos de Padrón Panza y Nelly Bríñez, quien también falleció en el deslave de 1999. Apenas vieron luz en la final de 2012, que perdieron con los Tigres de Aragua 4-2. Con un equipo bien ensamblado, este año parecía que podrían acabar con esa racha negativa, pero no fue así. Mientras algunos fanáticos amargamente reclaman el hecho de llevar sobre sus hombros la derrota y como José Igncio Cabrujas renuncian a los Tiburones, otro grupo cree que lo que se vio en la campaña 2022-2023 es un preludio de buenos tiempos, de títulos y reconocimientos.

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En octubre volveremos a la tribuna derecha del estadio Universitario y con seguridad nos encontraremos al mismo muchacho con la fiebre de siempre. ¿Cuántos no hemos esperado una victoria que se tarda en llegar? Los seguidores de La Guaira se mantendrán ahí, estoicamente con los compases de esa samba que define su ánimo. Es lo bueno del beisbol: siempre da revancha. Pregúntenle a los fanáticos de los Cachorros de Chicago, equipo que pasó 108 sin coronarse en las Grandes Ligas. La fe se renueva. 


WILLIAMS BRITO | TW @willibrito IG @willibrito

Periodista, jefe de redación de El Pitazo.

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