Enfrentar el cambio climático desde la sicología

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Por: Paulino Betancourt

La mayoría de nosotros reconocemos que la amenaza del cambio climático es causado por el ser humano, y tratamos individualmente de contribuir a su solución. El reciclaje es una buena opción, sin embargo evitar hacer un viaje de ida y vuelta en avión es ocho veces mejor para el planeta, lo que equivale a reciclar durante todo un año, según han determinado los especialistas en cambio climático. Por ejemplo, Project Drawdown, una organización que cuantifica los efectos de una amplia variedad de soluciones para el cambio climático, ha colocado en la parte superior de su lista de mitigación, a las dietas ricas en vegetales y la reducción del desperdicio de los alimentos.

Los científicos generalmente están de acuerdo en que las personas pueden hacer los cambios más positivos en tres áreas de sus vidas: transporte, hábitos alimenticios y uso de la energía. Al tomar un vuelo Caracas – Puerto Ordaz, una persona emite el equivalente a 182 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera en apenas 40 minutos, lo que representa un 10% de lo que genera cada venezolano durante un año.

Los sicólogos han determinado que más de 30% de las acciones diarias de una persona son habituales, las cosas se hacen al margen de su conciencia. Y si alguien ha estado comiendo la misma dieta durante toda su vida, las elecciones de alimentos seguramente entran en esa categoría. El desafío es descubrir cómo concientizar a las personas para que tomen mejores decisiones en la preservación del planeta. La psicología humana puede ser una “bestia engañosa”, pero también ofrece pistas sobre cómo fomentar una mejor toma de decisiones. El problema con los hábitos es que son difíciles de cambiar. Incluso las opciones modestas, como comer alimentos a base de vegetales varias veces a la semana o revisar el refrigerador antes de comprar alimentos para evitar el desperdicio, pueden resultar espinosos.

Aquí la psicología ofrece una pista útil para modificar los hábitos. Cuando las personas están pasando por un cambio importante en la vida, los nuevos comportamientos tienden a adherirse un poco mejor. Un estudio en el Journal of Environmental Psychology encontró que las familias que acababan de mudarse tenían más probabilidades de tomar decisiones sostenibles después de recibir charlas educativas sobre cambio climático, respecto a aquellas que no lo habían hecho. Estas “discontinuidades”, piensan los investigadores, interrumpen los viejos hábitos y dan lugar a otros nuevos. Mudarse no es la única discontinuidad importante, comenzar un nuevo trabajo, casarse e incluso experimentar un evento climático extremo, siempre que no sea demasiado fuerte, podrían ser oportunidades para desarrollar hábitos más sostenibles.

Además, debido a que el cambio climático es un proceso relativamente lento e impredecible, los esfuerzos para mitigarlo sufren el fenómeno de la distancia psicológica: es difícil precisar cómo elegir dejar de comer una hamburguesa (o dos) mejorará la vida de nuestros seres queridos. Por lo tanto, los expertos climáticos a menudo se enfocan en los beneficios colaterales y los efectos positivos en la salud, las finanzas y la comunidad. Centrarnos en los beneficios cardiovasculares al evitar comer carne de res o la reducción de los gastos, a largo plazo, al comprar un vehículo eléctrico, podría proporcionar el empujón final para hacer el cambio.

La autoeficacia (la percepción de que una persona puede cambiar sus acciones) y la eficacia de la respuesta (la percepción de que esos cambios tendrán consecuencias positivas) son predictores importantes del cambio de comportamiento. Mejorar la autoeficacia puede implicar pedir a las personas que realicen cambios de estilo de vida más modestos, como evitar la carne de res y tomar un vuelo menos al año, en lugar de volverse veganos y nunca volver a volar. El cambio individual también puede ser mucho más poderoso de lo que la mayoría de la gente cree cuando se propaga a través de las redes sociales.

Los estudios muestran consistentemente que las normas sociales juegan un papel importante en si las personas deciden o no tomar acciones amigables con el clima. Cuando alguien coloca un panel solar en su techo, por ejemplo, las probabilidades de que algunos vecinos instalen paneles solares aumentan notablemente. Al tomar una decisión respetuosa con el medio ambiente, no solo está reduciendo sus propias emisiones, sino que está inspirando a otros a reducir las de ellos. No se trata solo de la gota en el océano con la que contribuimos individualmente. ¡También son las otras gotas las que nos siguen! Y con suficientes gotas, pueden comenzar a ocurrir cambios más grandes.


PAULINO BETANCOURT | @p_betanco

Investigador, profesor de la Universidad Central de Venezuela, miembro de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat

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