Emigrar: ruta de muerte y violencia para los pobres

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Por. Angeyeimar Gil

El mundo que es un pañuelo
con lágrimas de neón
Despide mirando al cielo,
sus hijos en procesión
Y arranca en su desconsuelo
las páginas del adiós
.

Murga Agarrate Catalina

La salida de venezolanos ya tiene una década de historia. Comparada con los años de migraciones europeas, aún estamos en pañales. La historia recordará nuestras olas migratorias como una de las más masivas, duras y mortales. Y a gobiernos y comunidades de algunos países de tránsito y destino, se les recordará como inhumanos y poco solidarios. De igual forma, la historia será justa en señalar al gobierno venezolano de este tiempo, como el principal responsable de tanto dolor, tanta muerte y tanto sufrimiento.

Los que se van, no tienen posibilidad de planificar su huida. Cuando se huye de la desesperanza y del estancamiento socioeconómico no hay condiciones para valorar riesgos, por más que cada familia dedique sesos a evaluarlos o busque alternativas para sortearlos. Y menos atinan, si los países han ampliado las medidas restrictivas para frenar la llegada de venezolanos a sus tierras. El crecimiento de la tasa de migrantes venezolanos es proporcional al número de restricciones que se han establecido, principalmente en Latinoamérica.

¡Me quiero ir!

Aunque se adjudica a esas respuestas la “xenofobia”, comparto con Adela Cortina que más que eso, estamos frente a la Aporofobia, la fobia a los pobres, palabra del año en 2017 por la Fundación del Español Urgente. Porque no es un rechazo general al migrante, ni una defensa nacionalista. A los ricos no se les maltrata o niega la entrada a los países. De lo que se trata es de rechazar al pobre, al que no tiene nada, al que necesita todo. Y así se actúa contra todos los pobres, los venezolanos, los de Centroamérica o los africanos. A los migrantes pobres es a los que se les restringe, se les violenta y se les crean las peores condiciones de migración, al límite de la muerte o directamente dirigiéndoles a ella.

Hoy, los que migran son de las clases más desfavorecidas; son los más pobres. Incluso, en las investigaciones sobre migración venezolana, se ha logrado estratificar las olas migratorias venezolanas, desde los profesionales super calificados que viajaron en avión y fueron recibidos con los brazos abiertos, hasta la ola que estamos presenciando aún, que incluye migrar caminando, en botes inseguros o cruzando el Río Bravo a nado, los más pobres entre los pobres.

Los niños, niñas y adolescentes migrantes

La niñez y la adolescencia como grupo especialmente vulnerable sufre de peor manera las condiciones adversas y la violencia que estructura la migración. Tienen menos capacidad de protegerse. Además, dependen de la decisión de los adultos con quienes viajan, no tienen libertad económica o de movimiento. La resistencia a los estragos de largas caminatas, jornadas sin sueño o inclemencias del clima es mucho menor que la de una persona adulta. Pero en casos de violencia son el principal foco y las principales víctimas.

Los Niños, Niñas y Adolescentes, (NNA), en medio de la masiva migración venezolana han sido víctimas de abusos sexuales, trata de personas, explotación laboral, afectaciones emocionales por separaciones familiares, entre otras violencias. Solo en 2022 cuatro NNA han perdido su vida por migrar: una niña de 7 años cruzando la frontera entre México y EE. UU. fue arrastrada por la corriente del Río Bravo; un niño de 2 años que viajaba hacia Chile, murió en el bus que los llevaba de Perú a Bolivia por falta de oxígeno; Un niño de 10 años murió en un accidente de tránsito cuando viajaba de Colombia a Chile. Todos perdieron la vida tratando de encontrar el porvenir, lejos de su país que les dio la espalda.

El pasado 5 de febrero, las restricciones legales contra los migrantes venezolanos por parte de Trinidad y Tobago cobraron la vida de un niño de un año de edad, que fue asesinado por la guardia costera cuando intentaban evitar que la embarcación llegara a la isla con migrantes venezolanos. Una respuesta desmedida, agresiva e innecesaria. Ya este país había limitado la llegada de nuevos venezolanos a sus tierras, deteniéndolos, deportándolos y devolviéndolos en embarcaciones sin seguridad.

Estas medidas desconocen el derecho a la migración, a la protección humanitaria y a la no devolución. Hay familias enteras esperando para ser deportadas. Recordamos los hermanos de la Orquesta Infantil y Juvenil de Venezuela que intentaron reencontrarse con su padre y fueron devueltos. O los 16 NNA y familiares deportados el año pasado en condiciones de inseguridad absoluta.

En todos los casos, hubo violación de derechos, se negó el trato especial en caso de condiciones humanitarias y tampoco se establecieron medidas de protección espacial a los NNA, aspectos que la CIDH mencionó cuando solicitó a este país unas medidas migratorias humanitarias.

El asesinato de un niño sobrepasa el límite y requiere de una respuesta urgente de las autoridades de Trinidad y Tobago, de la comunidad internacional y del gobierno de Venezuela. Resulta inminente una investigación que conduzca a la sanción correspondiente, pero más aún, requiere el cambio drástico de la política migratoria en relación con los venezolanos por parte de la isla. Y debe servir para que otros países también evalúen sus políticas migratorias y las construyan con base en el derecho internacional y humanitario.

Las historias de cómo los NNA sufren los estragos de la migración, son lamentablemente, infinitas y desgarradoras. Contarlas y conocerlas nos debe llevar a trabajar en la transformación de dos aspectos, por una parte la atención que brindan los países a los migrantes venezolanos, los factores de protección que ofrecen partiendo de la idea de protección humanitaria y respeto a los derechos humanos, el derecho a migrar y el derecho a la no devolución; y, en segundo lugar, corresponde a Venezuela (gobierno y oposición) darse cuenta de que la situación actual es la que genera que los NNA estén sufriendo, siendo violentados o muriendo en la aspiración de un futuro diferente. Hay responsabilidades ineludibles. Es necesario actuar.


ANGEYEIMAR GIL | @angeyeimar_gil

Docente de la Escuela de Trabajo Social de la UCV. Trabaja como investigadora en la Red por los Derechos Humanos de los Niños, Niñas y Adolescentes (Redhnna)

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