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sábado, 26 noviembre, 2022

¿Venezuela se arregló? Migrantes regresan en busca de la felicidad perdida

María Castro, Enrique Pérez y Daniel Hurtado son tres venezolanos que tras sus experiencias fuera de Venezuela, decidieron regresar para sentirse cerca de sus seres queridos y su cultura, pese a la crisis económica que los había alentado en un principio a cruzar la frontera

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Caracas.- “Venezuela se arregló” es una frase que se ha vuelto común en redes sociales, acompañada de imágenes de nuevos restaurantes y lugares turísticos del país. Pese a que algunos migrantes venezolanos que decidieron regresar no concuerdan con un arreglo de la situación del país, sí afirman que volver a su hogar les ha dado más felicidad y tranquilidad.

Según la Plataforma Interagencial para Refugiados y Migrates (R4V), al 8 de febrero de 2022 se contabilizan 6.041.690 de migrantes y refugiados venezolanos en todo el mundo. La mayoría de los que componen esta cifra son personas que se vieron obligados a irse de su nación sin sus seres queridos debido a la crisis económica.

Sin embargo, algunos decidieron sacrificar sus posibilidades de surgir en otro país para regresar a su hogar y sentirse en calma, como es el caso de María Gabriela Castro, de 22 años, quien decidió emigrar a Perú en 2018, pero nunca logró sentirse cómoda a pesar de que se fue con toda su familia.

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La venezolana cuenta a El Pitazo que al llegar a Lima trabajó por siete meses y fue víctima de al menos dos actos de xenofobia. “Estaba en Perú con mis hermanos y mis papás pero no me gustó. Nunca me supe adaptar a la ciudad; creo que el peruano y el venezolano chocan mucho. A mí en general no me gustaba estar allá, yo no  quería seguir ahí”.

Por la salud mental

María decidió irse a Bogotá, Colombia, puesto que allá se encontraba su pareja. Vivieron juntos dos años en la capital colombiana, pero no les fue bien en el ámbito laboral, por lo que ambos decidieron regresar a Venezuela para reencontrarse con los seres queridos que habían dejado atrás con sus planes de emigrar.

“Estábamos cansados de sentir que no íbamos ni para atrás ni para adelante.  Aquí – en Venezuela – está nuestra familia y nuestras cosas, teníamos muchos años sin venir y preferíamos reencontrarnos (…) También sufro de ansiedad y regresar ha sido una gran mejoría para mi salud mental”.

La pareja de venezolanos se encuentra en Caracas tomándose un tiempo para estar con sus seres queridos y tramitar nuevamente sus pasaportes. Aún no saben si volverán a emigrar en el futuro, pero por los momentos disfrutan del país que alguna vez dejaron atrás y que hoy en día lo ven un poco mejor.

“Venezuela no se arregló, hay gente que dice que sí. Pero sí hay cosas que mejoraron muchísimo como el comercio; cuando yo me fui había gente que compraba pocas cosas en el mercado porque no les alcanza el dinero y ahora veo gente  comprando muchas más cosas”, dice.

El reencuentro con la felicidad

Por su parte, Enrique Daniel Pérez de 42 años también se fue a Perú en 2018 debido a la crisis económica, pero en vista de que no logró ayudar a su familia desde otro país como esperaba, decidió regresar a Valencia, Carabobo en 2022 para reencontrarse con sus padres y su hermana.

Creo que nunca había sido feliz hasta el 28 de enero, cuando pisé mi casa y pude abrazar a mis padres y a mi hermana. Eso es felicidad, estoy disfrutando cada momento estando aquí en mi tierra”, expresa.

Enrique cuenta que en su estadía en Lima se desempeñó en diversos trabajos para reunir dinero, una tarea que, afirma, fue muy complicada y que empeoró con la llegada de la pandemia en 2020. Entre sus trabajos destacaron el área de taxi, operador en una fábrica de licores, cocinero y lavaplatos. “El peruano estaba muy celoso del venezolano, porque llegábamos a trabajar sin renegar por horarios ni pagos”.

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Las ganas de volver del valenciano aumentaron cuando perdió su empleo debido a la pandemia por COVID-19 en 2020. Además, vivía con la idea de que quizás no volvería a ver a sus padres, algo que le causó una gran ansiedad y depresión, por lo que apenas logró reunir el dinero para el pasaje y se flexibilizaron las restricciones por la pandemia, regresó a su país donde la idea de migrar en el futuro ya no existe.

“Ya viví mi experiencia de ser migrante. Aprendí a querer más a Venezuela y ver las cosas desde otra perspectiva (…) Tenía mucha angustia, pero mi papá siempre me decía ‘vente aquí, la cosa está mal, pero estás en familia’, y eso me apaciguaba los nervios”, contó.

Promesas por cumplir

En el caso de Daniel Hurtado, de 27 años, decidió dejar Ciudad Guayana, en el estado Bolívar, donde vivía con su madre, en 2018 para radicarse en Perú. La decisión de emigrar llegó con los comentarios de sus paisanos, quienes le aseguraban que en otros países lograría obtener una mejor estabilidad económica.

A pesar de ser técnico industrial, el primer trabajo que consiguió al llegar a Perú fue lavando baños en un hospital, debido a que no poseía todos los documentos reglamentarios para optar a otros puestos. «En ese momento la empresa decidió apartarnos – a los venezolanos – Fue el primer problema que tuve por el simple motivo de no tener los documentos de trabajo, otros extranjeros tampoco los tenían, pero si los dejaban trabajar».

Daniel cuenta que aprendió lo que es pasar hambre y necesidad, algo que él nunca había experimentado en Venezuela, pero siguió trabajando para poder mantenerse en el país. Pero en marzo de 2021 decide que es momento de renovar su pasaporte para volver a ver su madre, que se había establecido en Costa Rica en 2019.

El venezolano comenzó el trámite de su pasaporte en marzo de 2021, pero el Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime) nunca le asignó la cita. Durante la espera su madre contrajo el COVID-19 y falleció en septiembre de 2021. «Nunca pude cumplir el sueño de volver a estar con ella».

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Cansado de esperar que el Saime le asignara la cita, Daniel decidió empacar sus cosas y regresar a su país natal, donde si logró obtener el documento de viaje. Actualmente se encuentra en Ciudad Guayana cerca de sus seres queridos y planifica viajar a Costa Rica para tramitar el traslado de sus restos a Venezuela.

«Quiero cumplir con mi mamá, de verla, estar cerca y decir ‘aquí estoy, llegué tarde, no fue mi culpa, pero acá estoy‘», dijo. Pese a la partida de su madre, Daniel se alegra de haber vuelto a su país natal y asegura que, en comparación con el año en el que decidió emigrar, la gente se ve más feliz y busca trabajar para combatir la crisis.

«Yo percibo en la gente más esperanza en que las cosas se solucionen y solo quieren estar tranquilas, ya no quieren saber nada de política. Quieren comprar sus cositas, vivir su vida tranquila y no tener más estrés».

Más valor a la familia

Anaís Bolívar, psicóloga de la red Psicodiáspora, explicó a El Pitazo que las dificultades que experimentan los venezolanos que salen de su país por necesidad, mezclado con la pandemia por el COVID-19, les ha enseñado a los migrantes el valor que tiene la familia.

«Hemos perdido la salud mental (…) El grupo de apoyo es un factor importante para la parte social, nosotros – los venezolanos – tenemos un amigo para todo y afuera no existe esa familiaridad y, por ende, la gente sobrevive sola. Al verse que la vida puede terminar y que la vida que están llevando afuera no les trae nada más que comer y dormir bajo un techo, prefieren regresar a su país y echarle pichón», explicó.

La especialista agrega que los venezolanos migrantes, al verse solos en un país extraño, pasando por una situación similar a la que vivían en su país natal, toman la decisión de volver para, al menos, estar cerca de sus seres queridos.

«Lo material quedó a un lado, la parte afectiva es más importante. No es que Venezuela se acomodó, pero si aquí logran trabajar no ven la necesidad de estar en otro país. Dicen ‘prefiero regresarse y estar con mis amigos, mis papás, mis hijos y salir adelante'».

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