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viernes, 1 julio, 2022

Iglesia Católica de Chile promueve una solución laboral para venezolanos

"En sectores como el agrícola hay acuerdo entre los productores de la necesidad de mano de obra. El año pasado se perdieron cosechas por falta de trabajadores. No es verdad que los migrantes les van a quitar el trabajo a los chilenos”, afirmó el vicario Jaime Tocornal

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Unos 20 representantes de instituciones del Estado, la sociedad civil, universidades, sector privado, gremios, empresarios y organismos internacionales respondieron a la convocatoria de la Iglesia Católica de Chile para formar una mesa de trabajo, que genere propuestas concretas ante este desafío y aproveche las oportunidades que ofrece la integración de la creciente migración de venezolanos.

«Debemos asumir que, quienes ya están en Chile, salvo un cambio radical de la situación en Venezuela, no se van a volver. El mínimo es que les den un documento de identificación, sin el cual no pueden trabajar en labores formales, y que el Gobierno extienda permisos de trabajo para que las personas puedan realizar una labor digna, tener un sueldo y aportar a la sociedad”, apuntó el vicario Jaime Tocornal, el miércoles 18 de mayo.

«En sectores como el agrícola hay acuerdo entre los productores de la necesidad de mano de obra. El año pasado se perdieron cosechas por falta de trabajadores. No es verdad que los migrantes les van a quitar el trabajo a los chilenos”, afirma.

El éxodo venezolano ha generado una presión enorme sobre un Estado que no ha logrado dar respuesta eficaz ni a las necesidades de los refugiados ni al descontento de sectores de la población chilena por la masiva llegada de indocumentados. En la costera ciudad de Iquique se han registraron violentas protestas contra la migración descontrolada. Los manifestantes incluso han quemado carpas, bienes y hasta juguetes de las familias extranjeras.

La Organización Mundial para las Migraciones (OIM) y la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) acaban de lanzar en Chile la campaña «Somos encuentro” para promover el intercambio cultural, el diálogo y la inclusión de las personas refugiadas y migrantes. Tocornal reconoce que urge buscar soluciones.

«Lo que ocurre en la zona norte es la punta del iceberg. La gran dificultad son los miles de migrantes que viven en el centro y en el sur. Un millón 400 mil personas han ingresado en los últimos diez años y de ellos un tercio son venezolanos, señala Tocornal. Esto equivale casi a un 10% de la población chilena. El vicario estima que el total podría ser mucho mayor que las cifras oficiales.

«La inmensa mayoría de los migrantes vienen con familia, pero también llegan muchas mujeres solas con sus niños”, señala a DW el vicario. En Colchane, el Estado y la OIM cuentan con carpas para que pernocten a la espera de la prueba de COVID, antes de continuar. La capilla del lugar se abre todas las noches como albergue para las madres y sus hijos. El poblado, de 1.500 habitantes, se ve sobrepasado.

«Un sacrificio grande»

«Emigrar ha sido duro, es un sacrificio grande pasar tantos momentos difíciles para buscar un mejor bienestar y sacar a mi familia de tanta miseria y pobreza que hay en mi país”, dice Nangier González, quien ingresó por esas mismas rutas en diciembre de 2021 con su esposa, Silvia Oyaga, y sus tres hijos de 3, 5 y 12 años.

Ella es médica y él, militar retirado y mecánico. La crisis en su Venezuela natal hacía cada vez más insostenible mantener a la familia y costear los medicamentos de su hija, quien nació con una enfermedad renal. Estuvieron primero en Ecuador por tres años y en diciembre pasado decidieron emigrar a Chile.

«Buscamos una mejor calidad de vida, ver el fruto de tanto esfuerzo. En nuestro país puede haber trabajo, pero hay tanta inflación, que no alcanza para subsistir”, agrega Silvia en Esperanza sin fronteras, el documental producido por la Vicaría de Pastoral Social Caritas, del Arzobispado de Santiago de Chile, como una forma de sensibilizar y la promover la búsqueda de soluciones.

En el trayecto de casi dos semanas en distintos medios de transporte intentaron primero cruzar desde Tacna, Perú, pero sin suerte. Luego continuaron hacia Bolivia. Primero a La Paz y luego a Pisiga, en la frontera con Chile, relata Silvia a DW: «Hacía un frío terrible. Pasamos la noche en la calle junto a una fogata improvisada y a las 6.00 de la mañana iniciamos el último tramo a pie hacia Chile”, dijeron los venezolanos.

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