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martes, 23 abril, 2024

Participación política de mujeres en Venezuela: un camino de brechas y desigualdad

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Las mujeres que aspiran a incidir y participar en los asuntos públicos y políticos del país deben sortear una ruta repleta de obstáculos: desde el funcionamiento de los partidos hasta la regulación del Estado que no garantiza una estructura normativa sobre paridad de género

2023 PUEDE SER UN AÑO DE REUNIFICACIÓN para el extraviado liderazgo de un sector mayoritario de la oposición, esta vez en torno a una mujer, pues dos precandidatas –María Corina Machado (Vente Venezuela) y Delsa Solórzano (Encuentro Ciudadano)– estarán en carrera junto con otros aspirantes en la elección primaria convocada por la Plataforma Unitaria Democrática.

Tanto Machado como Solórzano son dos figuras con visibilidad y trayectoria política. Ambas tienen una meta en común, además de su oposición al gobierno de Nicolás Maduro: sortear las diversas barreras que obstaculizan el ejercicio igualitario del derecho a la participación política del liderazgo femenino.

Esa realidad que deben encarar las dirigentes de Vente Venezuela y Encuentro Ciudadano, es también un desafío aún mayor para las mujeres que aspiran a participar en los asuntos públicos y políticos del país, como lo describe el más reciente informe de la ONG Centro de Justicia y Paz (Cepaz), a propósito del Día Internacional de la Mujer, que se celebra cada 8 de marzo.

La deuda del Estado

De acuerdo con el informe de Cepaz en alianza con la Red Electoral Ciudadana (REC), las iniciativas de promulgación de normativas para la inclusión de mujeres en procesos electorales, así como en espacios públicos y políticos son simbólicas.

“Los avances en materia de igualdad de género en Venezuela han sido insuficientes, no existe una normativa de carácter legal que promueva y establezca la participación igualitaria entre hombres y mujeres”, advierte el estudio de la ONG.

El reporte de Cepaz detalla que la Ley Orgánica de Procesos Electorales no establece ni promueve la participación igualitaria entre hombres y mujeres, tampoco la Ley de Partidos Políticos, Reuniones Públicas y Manifestaciones.

La deuda del Estado en cuanto a las garantías del derecho a la participación de las mujeres en asuntos públicos y políticos también se mezcla con la apropiación política por parte del oficialismo –primero con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro– de las demandas vinculadas a las reivindicaciones sobre asuntos de género.


Es una realidad que en Venezuela hay un contexto autoritario con patrones de persecución política y eso afecta de manera diferenciada a las mujeres

Nicole Hernández, investigadora de la ONG Cepaz

El pasado 8 de marzo, en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), Diosdado Cabello, calificó de “revolución feminista” el proceso liderado por Chávez. “Dándole el lugar que a la mujer venezolana le corresponde”, publicó Cabello en su Twitter.

De acuerdo con la socióloga e investigadora del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), Anais López, con la llegada del chavismo al poder hubo un quiebre en el consenso en materia de participación de las mujeres en los asuntos políticos y en el avance de una agenda efectiva de cambios positivos.

“La polarización que arrancó con el chavismo rompió con el consenso que había y no se avanzó en ninguna agenda transformadora. El chavismo se apropió de la bandera de las demandas de las mujeres. Más allá de que hay instituciones que no existían, es poco o nulo –colapsado con el Estado y sus ingresos– el resultado de esa política”, explicó López.

El informe de Cepaz detalla que en 1998, con la promulgación de la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política, se estableció una cuota de participación mínima de 30 %, cuando entonces la representación de las mujeres llegaba a casi 6 %.

En el 2000, el Consejo Nacional Electoral (CNE) aprobó una resolución que derogó el artículo vinculado con la composición paritaria y alterna.

En las elecciones parlamentarias de 2020, según detalla la investigación de Cepaz, resultaron electas solo 93 mujeres de un total de 277 diputados, lo que equivale a 33,57 %.

En 2020, el proyecto de composición paritaria y alterna establecido por el CNE precisaba, en el caso de las postulaciones parlamentarias, una composición de 50 % para cada sexo y por excepción debía tener como mínimo 40 % y máximo 60 %.


El verdadero alcance de la libertad de la mujer pasa por la autonomía, sobre todo económica

Marialbert Barrios, militante de Primero Justicia

Entre las conclusiones de su informe, Cepaz señala que desde el Estado se muestra una intención de paridad que no se ve reflejada en los procesos electorales.

“Tenemos que hablar de la necesidad de una normativa efectiva en materia de paridad de género, que no existe en Venezuela”, destacó la investigadora de la ONG Cepaz, Nicole Hernández.

Partidos políticos sin voluntad

Solo seis organizaciones con fines políticos, entre estructuras nacionales, regionales e indígenas, tienen mujeres al frente de su liderazgo: Primero Justicia, Acción Democrática (la facción que se declara en resistencia tras su judicialización), Un Nuevo Tiempo, Encuentro Ciudadano, Vente Venezuela y la Causa R.

Evelyn Pinto, politóloga y militante de Acción Democrática –la facción cuyo secretario general es Henry Ramos Allup– precisa que las mujeres en las estructuras partidistas siempre deben demostrar más.

“Los partidos están conformados en su mayoría por mujeres. ¿Cuántas llegan a los puestos de poder o a las candidaturas? A las mujeres en los partidos les cuesta acceder a financiamiento para campañas, por ejemplo, y también son víctimas de acoso y sexualización”, sostiene Pinto.


Hoy nos podemos encontrar con mujeres jóvenes, empoderadas, que exigen sus derechos

Evelyn Pinto, militante de Acción Democrática

Con 14 años de militancia en AD, Pinto recuerda cómo en sus primeros años partidistas, en medio de una actividad propia de campaña, le sugirieron repartir volantes con otras de sus compañeras en shorts, una situación que no duda en calificar de sexualización; una acción sin relación con un mensaje político o ideológico.

“He sido candidata a concejala en dos oportunidades y he vivido la política hacia la mujer, las barreras. Hoy nos podemos encontrar con mujeres jóvenes, empoderadas, que exigen sus derechos”, destaca Pinto, quien es representante de AD ante la Comisión de Estrategia de la Plataforma Unitaria.

El informe de Cepaz concluye que los partidos políticos no están reconociendo las capacidades, importancia y necesidad de participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones.

Marialbert Barrios, quien fue electa en 2015 por Primero Justicia como la diputada más joven, destaca que 70 % de la dirigencia nacional de esa organización política la conforman mujeres.

“Hay que responder a eso. No basta con la paridad, hay que pelear para que la participación de la mujer sea sustantiva. El partido ha hecho esfuerzos por sensibilizarse en ese sentido e incrementar la participación femenina”, explicó Barrios.

La poca promoción de candidaturas femeninas o del empoderamiento y desarrollo de capacidades de las mujeres dentro de las organizaciones políticas son factores que describen el panorama político sobre el que advierte el informe de Cepaz.

“Los partidos políticos son los que marcan el liderazgo y no están involucrando a las mujeres. Los estatutos no establecen criterios de participación paritaria. Sí, cada día son más las mujeres que están asumiendo el liderazgo en los partidos, pero son una minoría”, explicó Hernández.

Crisis multidimensional

El estudio de Cepaz precisa que la crisis multidimensional en el ámbito humanitario, institucional y político no se puede eludir al momento de advertir sobre los factores que entorpecen el acceso de las mujeres a los espacios de poder.

“En medio de una emergencia humanitaria compleja, las mujeres se han visto afectadas de manera diferenciada y se han acentuado los roles y estereotipos de género que asocian a las mujeres al trabajo de cuidado, desplazándolas de la política”, resalta la ONG.

“En Venezuela, todavía están muy afianzados los estereotipos, los roles de género que relacionan a las mujeres con trabajo doméstico y habilidades blandas como la sensibilidad o peor: la dependencia y la sumisión”, destaca Hernández.


Tenemos que hablar de la necesidad de una normativa efectiva en materia de paridad de género, que no existe en Venezuela

Nicole Hernández, investigadora de Cepaz

López, por su parte, agrega que, al margen de lo institucional y lo político, el impacto de la crisis económica también mermó el interés o disposición de la ciudadanía para asumir discusiones que, en el caso de las mujeres, son fundamentales.

“La precariedad física, la miseria, terminan generando impacto en lo espiritual e incide en nuestra concepciones. Ahí también hay un retroceso y lidiar con eso ha hecho que la gente se abstraiga de discusiones. ¿Qué pasa en los barrios, con situaciones que son problemáticas como los embarazos de adolescentes o los abortos clandestinos?”, explica López.

De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2022), el nivel de pobreza total de ingresos en Venezuela es de 81 %. El país, además, es el más desigual de la región; con niveles comparables a los de Namibia, Mozambique y Angola.

Barrios, quien además dirige un programa de encuentro y formación política para mujeres y hombres llamado Wommu, resalta que es la autonomía lo que también determina la libertad de las mujeres.


La polarización que arrancó con el chavismo rompió con el consenso que había y no se avanzó en ninguna agenda transformadora

Anais López, socióloga e investigadora del Celarg

“El verdadero alcance de la libertad de la mujer pasa por la autonomía, sobre todo económica. Eso fue lo que me impulsó a meterme en la política: luchar por cambiar las cosas y poder tener incidencia”, puntualiza Barrios.

La investigación de Cepaz concluye que a pesar de constituir la mitad de la población venezolana, las mujeres no se encuentran representadas en los principales espacios de toma de decisiones que afectan sus vidas.

“Si no tienes control de tu sexualidad, por ejemplo, ¿cómo organizas tu vida para trabajar o estudiar? Mientras eso no se resuelva, tendremos un país en el que la mitad de la población está en desventaja, en retraso”, añadió López.

Ausencia de garantías

La violencia basada en el género es una realidad en el contexto político venezolano. En redes sociales, abundan las muestras de esa situación en distintos niveles.

A mediados de marzo, en una entrevista, Machado habló de su consideración de privatizar Pdvsa. Ese tema generó debate en una red social como Twitter en la que la dirigente de Vente Venezuela fue señalada de ser un “instrumento vil de intereses supranacionales”.

Las agresiones potenciales no solo se limitan a un ámbito digital, de acuerdo con la investigadora de la ONG Cepaz.

“Es una realidad que en Venezuela hay un contexto autoritario con patrones de persecución política y eso afecta de manera diferenciada a las mujeres. En un ámbito de persecución sobresalen estos roles de estereotipos de género y eso hace que las mujeres sean perseguidas de una forma distinta que los hombres”, añadió Hernandez.

López, por su parte, advierte sobre la desincentivación por causa de señalamientos, amenazas y acoso que se registran sobre todo en redes sociales, en un contexto sin garantías para la participación de las mujeres sin consolidación política.

“El asunto más grave y complicado es para quienes vienen detrás. ¿Cómo participan las que están y aquellas que lideran procesos sociales? Es complicado y un problema más estructural”, agregó López.

Al margen del contexto político, en medio de un conflicto de años y una crisis económica que también debe encarar el liderazgo femenino, hay quien se pregunta si el país está preparado para la llegada de una mujer a la Presidencia.

Tanto Barrios como Pinto, desde sus propias experiencias políticas, responden de manera afirmativa a la interrogante, más allá de que militan en partidos políticos que definieron en torno a dos hombres sus candidaturas para aspirar a competir en la próxima elección presidencial.

2023 puede ser un año paradójico para la situación de las mujeres que aspiran a participar en los espacios de poder, pues un sector mayoritario de la oposición podría tener al frente de su liderazgo una figura femenina.

La carrera, con todos los obstáculos, brechas y desigualdad, ya comenzó.

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